¿Soledad? I

¿Soledad? I

 

“Los inteligentes disfrutan la soledad,

Los demás la llenan con cualquier persona”

 

Hola nuevamente

Sí que eres persistente

Cuando pienso que ya te has marchado,

Estas ahí  sonriéndome coqueta y despreocupada.

 

Parece que nunca me voy a deshacer de ti,

Ya estoy empezando a admirarte.

La paciencia con la que siempre me recibes es de alabarte

Aun cuando puedo estar entre multitudes y ruido

Tú te fumas un cigarro en mi nombre esperando mi muido

 

No logro entenderte cuando me miras así

Siento como si me necesitaras para algo

Cuando creo que soy yo el que necesita de ti.

 

Hagamos las paces,

Ya no tiene razón seguir discutiendo por todo,

No tiene sentido que te enojes conmigo y yo contigo

Porque al final solo nos tenemos tu y yo,

Por siempre.

 

No creas que soy de noble corazón,

He intentado olvidarte, llenando el vacío con muchas cosas:

Amor, música, libros, deportes, sociales, nuevas experiencias.

Pero me he dado cuenta que necesito de vos para disfrutar de todo eso,

Plenamente.

 

No podía amarte por que no te conocía,

Incluso te temía,

Te evitaba.

Pero resulta que eres buena compañía,

Fiel, atenta, confidente y sabia.

 

Creo que me estoy enamorando de vos,

Pero quiero amarte a como es,

Sin apegos ni restricciones,

Para que el día en que te tenga que compartir

No te muestres celosa y desentendida.

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Ya me di cuenta que nadie llena a nadie,

Y la nada no se llena con nadie.

Tampoco a ti podría llenarte,

Ni tu a mi llenarme,

Ni siquiera poseerte, aunque sepamos que siempre vamos a ser nuestros.

Pero si me has hecho encontrar algo muy valioso que lo había olvidado

Por querer que me quisieran,

Me has devuelto sin pedirte la razón y la manera,

Me has hecho encontrarme conmigo mismo

Y yo,

Yo sí puedo llenarme a mí mismo.

Gracias por esperar, tierna, callada,

Y hermosa,

Bella,

Como el vuelo de una mariposa.

 

Alan Aragón- Masatepe 2017

Poema para una tarde de Lluvia II

Poema para una tarde de lluvia II

“Algunos sienten la lluvia,

Otros simplemente se mojan”

-Bob Marley

Te diviso atrás de la cumbrera de tejas,

Cuando levanto la mirada.

Se me altera nostálgico el corazón,

Al sentirte inminente.

Tu emisario, hace de las suyas,

Azota puertas y ventanas.

Torbellinos de polvo y basura,

Diseñas en las calles.

Amas y desgarras las hojas de los árboles

Como ella me amó y desgarró un día.

Tu mensajero es fiel y fuerte

Atrevido y osado,

Coqueto y encantado,

Le gusta levantar las faldas para exponerte

Yo preparo mi percolado

Para que cuando vengas

Me encuentres sutil y enamorado

Entra en el corazón y no te detengas.

Pasa adelante,

Hazme sentir el frío de tu brisa,

Porque ya hace tiempo que no siento nada

Y si pudieras hundirme en tu agua helada,

Te lo agradecería con risa.

Con cada gotas que derramas,

Arboles con lluvia

 

Me ofreces el olvido

Pero hasta el olvido a veces, tiene buena memoria

Si tuvieras la mínima idea de cómo te extraño

No seguirías más con tu teatro

Y yo con mi miedo

 

Ya te vas,

Las tejas de barro mojadas están.

Las hojas como mis ojos,

Las dejas destilando gota a gota

Un colorido espejismo.

Caíste con  potencia de lo alto,

Prefieres aparecerte diurna y

dejas la noche cargada de recuerdos.

A mí me sobran los deseos,

Si pudiera pedirte uno

Sería que…

Alan Aragón.- Masatepe 2017

 

La luna en el tejado.

La luna en el tejado.

“Y en la sombra perseguí tu recuerdo,
Cual claro de luna, prometiendo sueños”

 

La noche estaba serena. La luna estaba llena y con casa, había pocas nubes que la pudieran ocultar. Hacía un poco de frío, el viento soplaba a gusto.

Ella salió al pequeño patio de la casa donde vivía. Era una típica casa de pueblo, de piedras cantera, repello fino, vigas y dinteles de madera. En este patio había un fogón que se encendía con leña o carbón. Aquí se asaba carne y se cocían los frijoles.

Estando en el patio ella subió primero a un banquillo de madera y después a un muro que dividía el patio con un taller de carpintería. Se sentó en el muro y se acomodó de tal manera que podría ver el cielo en todo su esplendor.

Era su lugar secreto, su espacio, el diván para estar con ella misma. Ahí el aire parecía soplar con más fuerza y ternura su cara. Aunque solo estaba dos metros y medio arriba del piso Ella sentía como estar en un rascacielos. Extendió su mano para sentir en su palma el aire y para fingir tomar la luna. Empezó a poner puntos sobre el cielo azul obscuro hasta dibujar con formas de estrellas luminosas letras.

En su mente se preguntó dónde estaría Él en ese instante, o si estaba pensando en ella, o si por fin había escuchado un disco compacto  de Christian Castro que le había regalado hace tiempo ya, dedicándole especialmente la canción “Por amarte Así” que estaba en el trac número tres.

“Sera que tanto amor está prohibido”-tarareaba ella en su mente.

Ella no había recibido ninguna contestación y pensó que seguramente lo había puesto en una de las  gavetas de un escritorio sin darle ninguna importancia. Trató de convencerse así misma los que todos decían: “Parece que a él no le importas”

Él un día, efectivamente en la sala de su casa sentados en un escritorio de melanina y hierro pintado en  amarillo, había recibido el compacto.  Por la noche cuando ya todos estaban dormidos él lo escucho y mientras pasaban los tracs se puso melancólico  pero al mismo tiempo crecía una cierta alegría. Esa noche el compuso un poema que tituló “Ya te había visto”. Después se fue a dormir y en la cama acostado boca arriba miraba el haz de luz de luna que entraba por un pequeño tragaluz de su habitación e inevitablemente pensaba en ella, aunque tal vez no debía. La imaginaba con su forma algo coqueta de caminar separando su brazo izquierdo bastante del cuerpo mientras se peinaba el pelo para un lado de la cara. La imaginaba miscelánea de pueblo: Chiquita pero surtida. Le imaginaba la mirada intensa de sus ojos almendrados los cuales siempre andaban delineado de negro, uno de sus colores favoritos. Después se quedó dormido

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Ella, ahí en el techo de su casa empezó a recordar unas de las escasas veces que se encontraron a solas. Estaba sentada cuando lo vio llegar, su corazón empezó a latir un poco más fuerte y las manos como a sudar. A él, lo vio tan fresco y natural como que no estuviese pasando nada. Cuando por fin llegó  la saludo con un beso en la mejilla bien respirado. Él siempre olía rico a tonos, maderosos y marinos, Ella siempre olía a vainilla. Se sentó y empezaron a platicar de todo y nada a la vez. Ella le dibujaba con la vista la barba que era rasurada muy fina y en aspecto como de un hilo que salía de una patilla, le bordeaba las mejillas, pasaba por la barbilla y terminaba en la otra patilla. Sus labios eran de aspectos carnosos, sus ojos cafés intenso y de cejas pobladas.

Ella lo admiraba una y otra vez mientras Él hablaba de todo pareciendo que dominaba cualquier tema posible sobre la faz de la tierra. Su elocuencia era admirable pero también muy típica de los Casanovas. A Ella le decían que Él era uno.

A lo largo de las pláticas ella notó que Él no parecía darse cuenta de nada, que solo estaba ahí por estar, pero que su presencia en su ser, no causaba revuelo alguno. Pese a que a veces por esos vaivenes del buen platicar quedaban cercas sus caras y en ese instante respiraban de la misma burbuja de aire. Ella no le dio mucha importancia porque al final lo importante era  que allí estaban juntos.

Él recuerda muy bien ese día. Cuando viajó desde su casa hasta la capital solo  para verla. Ya estaba llegando cerca donde Ella estaba sentada, su corazón aceleró el ritmo y empezó a sentir su garganta seca, fue cuando se dijo: -“Calma, actúa natural, contrólate porque es cierto el físico atrae, pero la actitud enamora. Así que calma que no te vea desesperado por verla.”

Él llegó la saludo de beso y el inconfundible olor a vainilla llenó sus pulmones, recorrió hasta su cerebro y fue cuando la plática se puso  en piloto automático, por que no podía dejar de verle los labios no prominentes pero tampoco finos. A la medida, diría Él. A la medida de los suyos.

De repente notaba en la plática que a veces ella mordía un lado de su labio inferior. No sabía si lo hacía por gusto o así era ella. De todas formas lo único que quería en ese instante era besarla, saber cómo era su sabor, saber si había magia, saber si los colores del mundo se harían más intensos.

 

Ahí siempre en el techo de su casa pensó en encender un cigarro como para sentirse más bohemia, pero luego le iban a sentir el olor o verían el humo y lo menos que quería era problemas en su casa. Desechó la idea y empezó a disfrutar nuevamente del paisaje urbano que le mostraba la luz de la luna. Los techos de las demás casas, las luces a lo largo del pueblo, el sonido del viento entre ramas de árboles. La noche era un espectáculo como lo fue el día que se besaron por segunda vez.

No relato la primera vez porque ellos estaban tan preocupados en gustarle al otro que se olvidaron de disfrutar.

Pero la segunda vez fue sacada de un cuento. Literalmente porque estaban en una biblioteca escogiendo libros para leer. Era una habitación cuadrada y los estantes que estaban en cada una de las paredes del lugar, llegaban hasta el techo. Ella se detenía más en autores internacionales, en tramas de amor, erotismo, feminismo. Él le daba una oportunidad a los autores nacionales creyendo que algún día él podría escribir así también.

Las miradas se encontraban de repente por espacios que quedaban en las estanterías cuando sacaban un libro para hojear la contraportada y la mueca de risa aparecía. Y así por un tiempo seguían dándole vuelta al lugar.

Él ya había encontrado que leer, pero seguía fingiendo la duda para darle tiempo al tiempo. —Eso es algo que no se hace más, casi nadie sabe darse, ni dar un tiempo. —Ella seguía sacando uno que otro libro mientras compartían la soledad y el espacio, aun sin siquiera decir algo. Cuando hay conexión no hay necesidad de hablar banalidades.

Ella encontró un libro que le pareció interesante. “Jardines Infinitos” tenía por título. Él en una de esas vueltas la miró por atrás, su pelo planchado caía sobre sus hombros y espalda, su olor era esta vez  Pink, lovely and true body mist de Victoria´s Secrets, el cual más adelante se lo pediría para echarle a su ropa de cama cada vez que él se fuese a dormir.

Ella se dio cuenta que Él venía por atrás y se dio la vuelta con una mirada un tanto coqueta, pero inocente.

— ¿Ya encontraste que leer? –pregunto Él

—Todavía no. Es que hay tanto que leer. Y aquí las temáticas parecen estar un poco desordenadas. ¿Qué recomiendas vos?

—No sé. Es que a vos no te gustan los mismos temas que a mí. Menos los autores nacionales. —Contestó Él viendo para las estanterías.

—Es que mirá. Si un libro te puede transportar a otro lugar, porque eso es lo que me pasa a mí cuando leo, entonces ¿por qué no ir a lugares que no sean nacionales? Para esa gracia me voy de paseo mejor. —Contesto ella con una media risa picara.

—Eres increíble, chavala, siempre tienes algo que decir.

—No sé si eso sea una virtud o una maldición—contestó Ella riéndose discretamente.

La sonrisa a Él le pareció de ensueño, sus labios parecían ergonométricamente fabulosos. Él la reviso de pies a cabeza. Usaba sandalias negras que dejaban ver sus pies perfectamente diseñados, andaba una cadenita en sus tobillos, sus pantorrillas eran como dijo un poeta: “Columnas barrocas”, andaba una falda de mezclilla que le llegaba arriba de las rodillas, una blusa negra con una mariposa pintada y unas letras que decían amor en inglés. La camisa era cuello en V por lo tanto lo que asomaba de su escote indicaba que sus pechos probablemente de talla 38B eran geométricamente redondos, erguidos y macizos. Definitivamente Ella estaba en la flor de su vida y Él hubiera querido beber de ese néctar.

Ese día un trueno lo hizo volver de la visión más verdadera que había tenido en siete años y ella pareció asustarse un poco. Él se acercó más a ella y sintió una sensación extraña que lo impulso a tomarla de la cintura y apretarla a Él. Ella estaba asustada, perpleja, puso sus manos sobre los brazos de Él y por un instante parecía que forcejaría para quitarse de esa posición pero no hizo ninguna fuerza. Sus miradas estaban intensamente conectadas, se podían ver en la pupila de sus ojos, ahí dentro uno del otro. Necesitaban de ellos mismos, más que del aire para respirar.

— ¿Qué pasa?-pregunto Ella asustada.

Con una voz ronca y sensible contesto:

—Pasa que he intentado no pensarte, que he intentado no querer nada de ti, pero es como cerrar los ojos frente al sol, su luz es tan fuerte que  aunque no lo veas sabes y sientes con seguridad que está ahí.

Ella solo abrió sus ojos asombrada y se asustó por otro sonido de trueno que se escuchó esta vez más cerca. Tenía sus ojos llenos de Él que la tomaba todavía de la cintura firmemente. Sintió una energía helada recorrer su pecho y terminar en sus piernas tensas por el momento.

—Todos me dicen que no me convienes, que  no eres seria en tus cosas, que solo eres una niña que quiere tener un juguete. Pero cuando te veo, cuando estoy cerca de vos pierdo todas las ganas de creerles. Cuando en las noches pienso en vos sobra tanto espacio que cuando estoy contigo me falta, me falta espacio para meter todo esto que siento—dijo Él con un tono algo desesperado pero enfático.

Ella apretó sus dedos a sus sandalias como queriendo enterrar sus pies en el piso. Se sentía sin salida, atrapada pero lo disfrutaba, no es que quería liberarse o irse, más bien quería rendirse, cerrar los ojos y sentir volar. Pero Ella se mantenía callada, sus lentes de marcos negros se empezaban a empañar por que la respiración de Él estaba cada vez más cerca.

—Me sorprendes, no sé qué decirte, me cuesta entender tu forma de pensar  eres casi un misterio, eres casi indescifrable, muestras una cosa pero sientes otra eso confunde mucho a  la gente.

— ¿A la gente o a ti?—pregunto Él suavemente.

Ella solo sonrió.

—Cuando menos me lo esperaba y contra todo pronóstico de repente para dormir ya no necesito el sueño, no necesito el aire ni el agua para vivir, solo necesito que llames por teléfono, que me regales una dona glaseada, solo necesito ver cómo te haces una cola en el pelo, solo necesito escucharte cantar. Perdóname lo cursi pero aun diciéndote esto siento que quedo corto. —Dijo Él con su misma voz ronca y esta vez más segura.

—Pero ¿porque siempre esperas que yo haga todo o que tome la iniciativa?, No te entiendo—Dijo ella preocupada y con la respiración entrecortada.

Él agachó un poco la cabeza y la soltó. Suspiró hondo y lentamente sacó el aire. Se separó un poco de Ella, le tomó las manos y las beso tiernamente. Ella lo vio fijo y se sintió desprotegida ahora que no le abrazaba la cintura.

—Cuando estaba en el colegio me costaba mucho hacer amigos, me sentía inseguro mi familia me sobreprotegía bastante y no me dejaba moverme con libertad. A veces  me sentía tan solo que parecía caer en un abismo. Un día reconocí que tenía facilidad de crear palabras me arme con algo de confianza y empecé a hablar un poco más con la gente. En ese tiempo la moda era quien pudiese tener en sus listas de conquistas más chicas y llegar a tercera base por lo menos. Entonces empecé a redactar en mi mente frases y un mecanismo que me permitieran, a pesar de no creerme y tal vez no ser guapo, poder tener mi propia lista.

No te niego algunas cosas me funcionaron muy bien otras no mucho, pero por esa labia que creé pues apunté alguna que otra en la lista, aunque no llegaba a tercera base porque para mí no se me hace fácil estar con alguien solo por estar. De ahí me viene una fama de Casanova que yo sé que tengo y se en el fondo que si me propusiera tener a alguien lo podría conseguir. Muchas veces ya no sabía distinguir hasta donde es verdad lo que les decía a ellas y hasta donde solo era la labia.

Pero contigo, contigo me pasa todo lo contrario, no tengo un mecanismo, no tengo palabras pre-establecidas para saberte llegar. Si yo le decía algo a otra sé cómo podrían contestar y sabía cómo proseguir, casi todas tenían algo en común. Pero tú. Tu eres distinta, me desarmas, yo disfruto el solo  verte, podría estar contigo sin decir nada pero aun así lo disfruto intensamente porque te estaría compartiendo hasta lo que  no digo y esto no sé cómo hacértelo saber.

—Lo acabas de hacer—contesto ella apasionada.

—No sé qué es lo que te hace diferente. Pero me has robado todos mis argumentos. Te robas mis palabras que arden por vos. Me siento tan vulnerable, y tan completo a la vez cuando tú llamas, cuando te veo en la puerta, cuando vienes sin avisar. Ya no tengo mecanismos contigo no tengo más que ser yo mismo. Y te juro que muero de miedo que al ser yo mismo no sea suficiente para ti o no tenga lo preciso para que te quedes.

—Nunca me habría imaginado todo esto —contesto Ella.

—No tienes nada que imaginar, lo que está escrito pasará, así sea hoy o mañana o después de muchos años. Así sea cuando ya no existan esperanzas más. Lo que va a pasar aquí, moverá el cosmos por completo  desde hoy se empiezan a mover las piezas para que esto un día tenga sentido.

Ella se dio media vuelta queriendo entender mejor  y Él llego por atrás se agacho un poquito le rodeo sus brazos por la cintura los entrelazo delante de su vientre y la apretó a Él  con firmeza y ternura el recostó su mentón en su hombro izquierdo, Ella pudo sentir la barba un poco áspera, pero no incomoda sobre una de sus mejillas y cerró los ojos. Su mente se puso en blanco, se volvió a sentir segura y sintió la respiración agitada de Él.

Él con suavidad le dio un beso en hombro y su piel se estremeció. La giró suavemente para quedar frente a ella, despacito le hizo caminar en reversa hasta topar con uno de los estantes de los libros. Le quito los lentes los puso a la par de un libro que tenía por título: “El pergamino de la seducción”. Le acarició suavemente el pelo, dibujo con sus dedos sus cejas depiladas, Ella cerró los ojos y el los besó uno por uno, besó la punta de su nariz. Entrelazaron las manos y Él se las  extendió por arriba de la cabeza de ella y las empujo contra un libro que se llamaba: Orgullo y prejuicio. Él la miró fijamente, Ella abrió sus ojos lo miro cerca, muy cerca, mordió su propio labio y el no pudo más. Se acercó y ladeando la cabeza un poco le besó los labios, lento y tendido, pudo sentir la textura de ellos, ella se estremeció y sintió la carnosidad de los de Él, apretaron fuertes las manos que estaban contra el estante y botaron un par de libros. Compartían el aire sin contaminarlo, compartían la piel sin adueñarse del otro y sobre todo compartían aquello que no se puede tocar y que es lo más sagrado: los sentimientos.

Cuando se separaron del beso, quedaron sus frentes juntas y ambos con los ojos cerrados sonrieron para sus adentros y para el otro aunque no se estaban viendo. Se buscaron nuevamente la boca Ella lo abrazó fuerte y lo trajo hacia sí y el metió sus manos ya sudadas debajo de su pelo, en la parte trasera del cuello donde jugaba con algunos de sus cabellos. Esta vez los besos fueron más sensibles, especiados de ternura pero intensos. Sus respiraciones se intensificaban.

Otro trueno los asusto y empezó a llover con fuerza, Ellos ya con el olor del otro en sus manos y torsos empezaron a reír. Desde ese día cada vez que llueve, Ellos se acuerdan con cariño de Ellos mismos.

 

Ella todavía en el techo de su casa, terminó el recuerdo con un gran suspiro, se abrazó ella misma y se dijo: “Todo va a estar bien”. “Ya hace un año que pasó todo esto y no logro entender nada”. Sintió ganas de llorar, pero las contuvo. Dió una última mirada al paisaje urbano  y  a la luna que estaba esplendida en el lado este de su casa, le preguntó: “¿Por qué?

Bajó lentamente del techo donde estaba sentada, entró a su dormitorio que estaba cerca del pequeño patio, encendió la luz y la habitación que estaba pintada en tonos ocres se iluminó, junto a su cama tenía una pequeña cajita de madera añejada donde guardaba cosas de valor, mayormente cartas de amigas o amigos. También estaban las cartas de Él. Les dio una última ojeada pero sin detenerse en detalles. Agarró el manojo, salió de su dormitorio y con todo el pesar del mundo por que las tarjetas, fueron elaboradas a mano, las tiró sobre unas brazas encendidas que había en el fogón a leña.

Poco a poco el papel fue encendiéndose y el olor a quemado se sintió de inmediato, como eran muchas cartas, era muy intenso. Ella pudo ver como los dibujos pintados a tizas y lápices de colores se fueron deformando. Sonaba en una radio: “You are not alone” de Michael Jackson. Vio al cielo y notó que varias nubes habían cubierto  la luna.

Él en ese instante  estaba a media cuadra de la casa de Ella y pudo sentir en el aire un olor a papel quemado. Deben de estar quemando basura en algún lado—pensó para sí, mientras se ajustaba los audífonos de su Discman Sony. Pulsó Play y la canción que salió era: “No podrás” del Disco de Christian Castro que le habían regalado hace como un año.

Ella en su dormitorio empezó a arreglarse, se cambió un short que andaba, se puso una licra, andaba de chinelas, se contempló  los pies, se puso tobilleras y unos deportivos. Se quitó una camisola negra que andaba y se la cambió por una camiseta gris obscura, se amarro el pelo, se compuso el delineador de ojos, puso un poco de rubor en sus mejillas, tomo una sudadera y se la amarro rodeando con las mangas su cintura.

Del porche de la casa se escuchó una voz que gritando dijo: “Parece que Te buscan”. Ya voy—Contestó Ella.

Se apresuró a terminar de retocarse, se dio un último check en un espejo de cuerpo entero que tenía, respiró hondo varias veces y empezó a mentalizarse.

Salió de su dormitorio y el pequeño patio por donde tenía que pasar para ir adentro de la casa  estaba completamente iluminado otra vez por la luz de la luna. Fue cuando escuchó una voz que la llamaba.

Giró la cabeza para ambos lados pero no había nadie. Giró para atrás pero igual no había nadie.

Me habías preguntado ¿por qué?—le dijo la voz

Ella se asustó y sintió un repelo en su piel.

—La vista del ser humano es muy corta. Y los pensamientos lo son más todavía. Hay cosas en el mundo que están hechas con un diseño de arte inefable, por eso muchas veces no las entendemos. Pero todo arte siempre trae algo de belleza por eso se llama arte. Casi siempre es tarde cuando comprendes muchas cosas. Pero empieza por entender que hay dos cosas que no se pueden forzar: el amor y el olvido.

Ten cuidado de los caminos fáciles, porque son los difíciles los que llevan a destinos increíbles. A veces el corazón necesita más tiempo que la mente, para darte cuenta el porqué de todo.

Hay un diseño, pero a veces crees qué puedes dibujar y empiezas a bocetar  sobre los planos ya terminados. A veces las cosas parecieran que no pasarán en esta vida, pero todo alcanza el que sabe esperar. Termino diciéndote que hay que ser muy valiente para lanzarse a la aventura de otro nombre, cuando de vez en cuando tus labios saborean el mismo en el que estabas pensando en el techo. Y hay que ser todavía más valiente para remediar el corazón roto de otro  cuando las cosas no funcionen por que no estaban dibujadas así.

La voz termino de hablar y otra vez un grupo de nubes ocultaron la luna.

 

Él iba pasando por la esquina de la casa de Ella, cuando vio a alguien de pie esperando en el porche de la casa, y en el mismo momento salió Ella.

Abrazó al que lo esperaba y le dio un beso de saludo, los dos reían, parecían felices, lo apretó fuerte del brazo  con sus manos y entraron a la casa.

Cuando Él contemplo la escena, se detuvo discreto, suspiró fuerte, pudo sentir los pedazos de sí mismo hacerse polvo, volvió a suspirar, sintió un dolor en el brazo izquierdo. Todavía divisando de largo y de reojo por las persianas, dio la vuelta y empezó a caminar de regreso. Se arregló nuevamente  los audífonos cambió de track  del disco que venía escuchando y la música que seguía era: “Lloran las rosas”

Alan Aragón, Masatepe 2017

Al Final

Al final

 

“Me esforcé tanto y llegue
Tan lejos, pero al final
Eso ni siquiera importa”
In the end-Chester Bennington

 

Quien pudiera sentir la adrenalina recorrer su cuerpo

Estuviese de acuerdo conmigo, lo hermoso que se siente

Saberte bueno en algo que te gusta.

 

El atleta con sus medallas y trofeos,

El pintor con sus cuadros terminados,

El arquitecto con sus edificios acabados,

El escritor con sus libros impresos,

El cantante, con los aplausos multitudinarios.

 

Ahora te hablo a vos que llenaste estadios enteros,

Que mezclaste como un buen albañil el rock, rap metal y hip-hop.

Rock alternativo decían que cantabas en el 2000,

Era un género innovador que provocaba todas las tardes reunir a los amigos

Para escuchar en torno a un reproductor de CD Hybrid Theory.

 

Las radios y los carros a todo volumen reproducían: in the end

Algunos la cantaban completamente sin siquiera saber inglés

 

Billboard la puso en el número dos del Top Hot 100

Otros hasta hoy no saben que decías.

Yo creo que pudo haber sido una profecía.

 

Tenías una voz excepcional,

Podías entonar sin problema desde el más hardcore de los temas

Hasta el más calmado de ellos.

 

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Tu voz fue banda sonora de muchas películas, series, desamores y temas sociales.

 

Fue la época ideal  para que usaras en las canciones tambores electrónicos,

Sonido particularmente industrial  y sintetizado como el de Numb/Encore.

Todos enloquecían cuando escuchaban las notas de los intros de tus canciones,

Hacías mover cabezas Y Se formaban pogos enormes en todos los países que llegaron.

 

Algunos dicen murió linkin Park,

Pero tú eras solo el vocal,

Sin duda la banda ya no será la misma

Pero ya no lo era desde hace rato.

 

Tenías lo que toda banda de Rock pudo haber querido,

Pero al final, nada de eso importó

Para que te quedaras.

 

Alan Aragón.- Masatepe 2017

Poema para una tarde de lluvia I

Poema para una tarde de lluvia I

“Pareciera que la lluvia ya va a dejar de caer,
Pero, como a veces en la vida,
Vuelve y cae con más intensidad”

Ya casi está listo el café que revuelves impetuosamente,

Para dejarle caer leche caliente y hacerte un cappuccino  de tu marca.

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Su olor inunda ya el lugar y la espuma te quedo perfecta.

 

A mi el café no me quita el sueño,

Solamente el café de tus ojos almendrados.

 

El vidrio de la ventana se empaña de recuerdos ,

Afuera, resbalan sobre ella gotas de mis caricias que no pueden entrar.

 

Tomas el primer sorbo de café y te quedan bigotes de leche,

Sientes que te calienta el pecho.

A mí, tu pecho me caliente el alma.

 

Afuera sigue lloviendo con intensidad,

La tierra y césped absorbe con ansias el agua,

En el pavimento se hacen corrientes turbulentas

Que acrecientan la ansiedad de una vida sin ti.

 

En media hora te pones bohemia.

Disfrutas el clima,

Descansas tus piernas, ahora más tersas, en la mesa de centro de la sala.

Tus manos trabajan, tus ojos ven tele y de repente suena un mensaje en el

Celular al que le sonríes con “fuerzas” gusto, naturalidad y “alegría creada”.

 

Yo aquí estaré, sin razón y sin medida,

Con otra taza de café,

Viendo caer la lluvia, desde el patio interno.

Voy a contar las gotas, voy mirar el cielo,

Voy a querer, a esperar

Voy,

Soy …

 

Alan Aragón .- Masatepe 2017

No te quiero

No te quiero.

Lo atroz del amor es Cuando pasa. Cuando  al punto final
De los finales, No le siguen dos puntos suspensivos.
.-Joaquín Sabina

Pude escuchar tu agitado aliento decir: No te quiero.

Vi la boca de tu estomago temblar,

Me di cuenta que algunos de tus rizos se resistían a estar lacios

Noté tu piel encresparse a la mía.

 

Drama. No más-me dijiste.

Fuiste maestra en ese “arte”,

Pero esta vez era la vida real.

Yo no estaba actuando.

 

Es fácil ver quien tiene la culpa, cuando se tienen excusas

Es fácil decir: “un camino hay que tomar”

No fue fácil que te dieras la vuelta, aunque no por amor.

Lastima. Lástima te daba verme.

Amor. Amor no tenías más

En otro lado lo profesas pronto, deseando que crezca cada día más

Para tener más excusas de peso.

 

Ha empezado tu mente a convertirse en un breve espacio,

Donde anidas mis desaciertos

Pero hay muchos que no son ciertos

Porque hay más de lo que ves en este corazón que crees vacío.

¡Que no aproveche las oportunidades! Es tu idea principal

Decir que “nunca te quise”, es tu fuerza de voluntad

“Que ahora tienes lo que siempre has querido, aunque sea imperfecto”, es tu escudo

Sentirte “por fin querida”, tu espada

Imaginarme malo y cobarde, es tu calzado

“El que un día lo entenderé” liberación de culpa,

Y todo esto tu hipótesis para la tranquilidad.

 

“Vives” tus días con la fuerza que ahora sientes

Pero, la vida no solo es de sentir

Porque todo lo que viene va,

Lo que empieza acaba y nadie se salva de eso.

 

Estaba cerca de ti, pero me evitaste siempre

¿Respeto? ¿Duda?, no sé,

O tal vez fue para no caer en debilidad.

A lo mejor solo eso fui en tu vida “Una debilidad”

Me diste por compromiso un abrazo frágil,

que un día de estos con seguridad te faltará.tumblr_lixdaekjcs1qcsdtvo1_500-cc3b3pia

 

Te fuiste viéndome como un perro de nadie, ladrando al cielo raso de madera,

Roto y en pedazo,

Sin fuerzas y con alas rotas.

Tú seguirás haciendo obras con tus manos, pero te apareceré de vez en cuando

En cualquier ámbito de tu día,

Incluso en las risas y los arrumacos del noviazgo.

O en las noches solas de lluvia,

O las noches de humo,

O cuando hagan la comida favorita,

O cuando al medio día comas con tenedor

Y en la noche con cuchara,

O cuando cocines pollo.

Apartarás la cara y los recuerdos para ser fuerte.

 

Un día me veras volar,

Y ese día habrías querido esperarte mil años sin miedos

Porque aunque digas que si:

“No te diste tiempo de darme el mío”

 

Alan Aragón. Masatepe 2017

 

 

Juana y Juan

Juana y Juan

— ¿Estas segura que no te vas arrepentir?

—No, no, si esto es lo que más deseo. Quiero salir de aquí y que mejor que con vos. Pero, ¿y vos? ¿No me vas a sacar de aquí solo para hacerte de mí  y después me dejas tirada como calcetín mojado?

—No Juana, como vas a creer vos. Si desde la primera vez que te vi quede prendado. Sos la cecina de mi tamuga, la canela y el clavo de mi pinolillo.

—¡Ay vos! Juan las cosas que me decís.

—No te preocupes por nada, ya te he dicho que tengo todo preparado. Vamos a estar escondidos como una semana en la finquita de mi tío, hasta que se les pase a tu papa y tu mama la rabia. Después, ya tengo un terrenito, voy a trabajar fuerte para construirte una casita bien linda, como a vos te guste.

—Ay Juan, ya quiero que estemos por fin juntos para siempre.

—Pronto amorcito, pronto. Y ve, recordá irte ligerita de equipaje que vos sabes que mi lancha es pequeña  y no aguanta mucho. Solo llévate algunos trapitos y después conseguimos más.

La Juana le dijo que si con un movimiento de cabeza, tímido y coqueto.

— Ya sabes pues yo vengo a las dos de la mañana, estate pendiente que te hago señas con las luces, salite calladita, ah y dale de comer al perro para que no haga bulla ese jodido. Trepamos tus calaches, te monto a la lancha, arrancamos y listo amor.

La Juana apretó con fuerzas las manos de Juan en señal de aprobación.

Después que se dieron un beso temeroso, Juan se despidió de largo del papá y la mamá de Juana que estaban sentados en unas mecedoras en el porche de la casa, a unos 50 metros de donde estaban ellos  platicando.

Juan se dio la vuelta y en lo que iba caminando para montarse a la lancha encendió un cigarro y le dio un golpe bien jalado.

—Juan deja de fumar por favor-le dijo Juana tajantemente.

—No niña si es uno por ay, vos sabes, por los nervios—le dijo Juan casi a gritos mientras le cerraba un ojo y le tiraba un beso a la distancia.

Encendió el motor de la lancha después de tres intentos y emprendió viaje hacia la otra orilla del Gran Lago.

—Ala chocho hasta donde vine a encontrar el amor—dijo Juan mientras en el horizonte solo miraba agua.

Llego por fin a la otra orilla, se bajó de la lancha, la jalo hacia más adentro de la costa, se quitó la camisa y se acostó en una hamaca  y empezó a pensar:

—No hombre a mí no me gusta hacer esta chochada así, pero es la única manera. Ese viejo con costo me deja llegar a verla, menos que me la quiera dar en casamiento y yo no la voy a dejar, si yo la quiero a ella pues.

Ni modo todo porque soy pobre, entonces esta vaina así debe ser. Igual no vamos a ser los primeros en irnos de juida.

 

—Papa, Mama, buenas noches los quiero mucho, siempre recuérdelo—Dijo Juana.

—Si nos quisieras mucho, no dejarías que te visitara ese Juan dundo. Decime. ¿Qué futuro tenés ahí? Ninguno. Además eso que sentís vos que decís que es amor, eso no dura nada niña, es lo primero que desaparece con la rutina y de eso nadie se salva. Búscate a alguien que te de cosas para que no te aburras. De amor no se vive niña.

Anda échate mejor—le dijo su papa en tono colérico, mientras daba la vuelta y se marchaba.

La mamá le dio un beso en la cabeza y la persigno, y vio como se le salían las lágrimas del rostro de su hija.

Juana no pudo dormir nada y entre lágrimas empezó a alistar una pequeña maleta con algunas pocas cosas. Pasó horas imaginando como sería su nueva vida  junto a su amor y diciéndose que ella no se dejaría vencer por la rutina.

 

Llegó por fin la hora, Juan salió despacito de su casa, encendió la lancha al primer intento, encendió también los focos y empezó la marcha hacia la otra orilla donde él pensaba que Juana lo estaba esperando.

Hacía frío esa madrugada y la luna estaba llena, Juan encendió un cigarro y siguió la navegación.

Ya casi cuando estaba cerca de la orilla empezó a hacer cambios de luces con los focos de la lancha, apagó el motor, se bajó y acerco la pequeña embarcación, lo más que pudo tratando de hacer el menor ruido posible.

Cuando se incorporó Juana estaba ahí de pie con un vestido que pronunciaba la figura de su cuerpo, una bufanda y un  sombrero. Sus colochos jugaban al son del viento y a la luz de la luna su cara era como una pieza de arte pintada con oleos preparados en el cielo, sus pies descalzos y perfectos apretaban la arena húmeda y parecían haber sido tallados por los mismos ángeles. A Juan le pareció estar en un sueño.

Rápidamente se acercó y le dio un efusivo beso, tomó la maleta y la tiro para adentro de la lancha. Estaba ayudando a subir a Juana a la lancha cuando se percató que se estaban encendiendo las luces de la casa. Se apuró y casi a empujones se subieron. Mientras estaba intentando encender el motor jalando el mecate de arranque, noto una silueta humana de pie en el porche de la casa, se apuró a encender más de prisa el bote, pero nada, no encendía y sonaba como ahogado. Sus corazones palpitaban más rápido y Juana hecha un mar de nervio, empezó a llorar.

—Calmate amor, todo  va a estar bien, vení rápido, bajate  vamosno a una de las lanchas de tu papa.

Se bajó rápido Juan del bote y ayudo a Juana a bajarse, tomó la maleta y empezaron a correr hacia otra lancha que estaba como a 10 metros. En eso escucharon un disparo de escopeta. Juan voltio la cabeza y vio que venia corriendo su futuro suegro.

Empujó Juan a la Juana y de un salto se montó él. La maleta cayó al agua pero no la rescataron. Jaló el mecate del motor y encendió a la primera. Arrancó la lancha y empezaron a alejarse de la orilla mientras miraban el reflejo rojizo de los disparos que hacía al aire el papa de Juana.

Una vez lago adentro la Juana no dejaba de llorar y tiritar de frío. Juan a como pudo le quito las lágrimas de su rostro temeroso y tierno.

—Todo va a estar bien amor, tu papa no nos va a seguir, él ya está algo viejo para manejar estas lanchas y sus mozos llegan hasta la mañanita, a esas horas ya estamos bien escondidos.

—Ay juan lloro de tristeza pero también de felicidad, por fin vamos a estar juntos para siempre—dijo Juana calmándose y tratando de sonreír.

—Si amor  ¿viste cómo está el cielo y el lago de sereno? Así estaremos si siempre nos mantenemos juntos—le dijo Juan con tono alegre mientras encendía un cigarro.

Cuando Juana lo vio le dijo: —ya te dije que no hagas eso  que un día te va a matar. —estiró la mano para tratar de quitárselo de la boca y Juan como reflejo se apartó para evitar que ella lo tomara, pero abrió los labios y el cigarrillo cayó a la cubierta de la lancha y  encendió de inmediato una mecha de un buen manojo de dinamita con la que el papá de Juana solía pescar.

La Lancha explotó en mil pedazos.

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Alan Aragón, Masatepe 2017

Pies descalzos

Pies descalzos.

“Pero no amo tus pies 
sino porque anduvieron
sobre la tierra y sobre
el viento y sobre el agua,
hasta que me encontraron
.-Pablo Neruda

Son hamacas para mis labios,

Cuna de mis ansias,

Filigrana a mis ojos.

 

Son piedra de aguamarina,

Los veo y soy valiente,

Mi ansiedad desvanece,

No tengo miedo. Solo de perderlos.

 

La ternura hizo nido en ellos.

El diseño hizo alarde en sus formas,

El material de que fueron hecho, en el mundo no existe.

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Mosaicos árabes son las uñas cuadradas

 

 

De tus dedos perfectamente escalonados.

 

Tus dedos, arpegios de arpas.

 

Zapatas de tus curvas y volúmenes

Zócalos de tu cuerpo entero

 

 

 

Minimalistas, tersos,

Flor, canción

 

Pasión

 

lirio,

delirios.

 

Alan Aragón, Masatepe 2017

 

 

 

 

 

 

Amor estructural

Son columnas barrocas de marmol tus piernas

mi amor la basa que las sostiene.

Mi aliento anhela recorrer tu fuste

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y enloquecer en tus curvas salomónicas.

Son de ensueño los bucles que adornan tu capitel,

me dormiría sin dudas en ellos.

 

Te besaría desde el ábaco y  bajaría en el movimiento

helicoidal de tu cuerpo hasta llegar a terminar con cincel

las tallas monumentales de tus pies.

!Que bella eres!

 

Alan Aragón, Masatepe 2017

El rito de los Viernes

El rito de los viernes.

Era la madrugada del viernes. Otro viernes de terror. Desde que Daniel tenía uso de razón los viernes en la madrugada se habían convertidos en ansiedad.

Eran las tres de la mañana cuando él se despertó, sintió que podía ser más temprano; pero en realidad ya quería que fuese mas tarde. Si no era mucho pedir, las seis de la mañana.

Mientras tanto en el patio de la casa vecina, un señor de complexión delgada, pelo blanco y ralo; desenrollaba unos mecates con señas de sangre ya seca. Se acerco a un bajarete sostenido por cuatro pilares de madera rústicamente cortados que tenían encima un techo de tejas con una leve pendiente y puso ahí cerca las cuerdas con las que más tarde, amarraría a su víctima. Este señor miro dentro del encerramiento y lo vio dormido. Definitivamente lo tenía que matar y en media hora se acercaría por fin el momento.

Daniel se daba vueltas impaciente en su cama como queriendo de repente encontrar una posición que le permitiera reconciliar el sueño otra vez, pero nada. Nada y en aproximadamente media hora comenzaría en el patio de la casa vecino todo el suplicio.

Todas las madrugadas de los viernes entre las tres y media y cuatro, se empezaba a escuchar el forcejeo que hacía don Alejandro  con su víctima. Nunca supo cómo lograba ganar siempre él, si, decían que su perjudicado siempre era más  grande. Después de toda la bulla del forcejeo se escuchaban unos gritos fuertes y angustiosos. Una vez hasta pudo escuchar la estocada final seguido de un sonido violento como cuando se tira agua al suelo. Después los gritos vendrían en disminución. Se escuchaban más lentos, pausados y con notas realmente angustiosas. Sin dudar eran quejidos de sufrimientos y eran estos los que Daniel aborrecía porque parecía que nunca iban a terminar.

Otra vez en el patio del vecino se acercó por fin la hora.

El tiempo empezaba a apremiar. Se aproximó de nuevo al bajarete, iba vestido con un pantalón viejo, unos botines de cuero negro sin lustrar, una camisa color café desteñida y encima un delantal de carnicero ya curtido de sangre. Agarró los mecates que había dejado antes puestos cerca, entró donde él estaba, y empezó con cuidado a amarrar sus extremidades, pero la víctima se dio cuenta y empezó a forcejear con el dándose vuelta de un lado a otro, Don Alejandro se abalanzó encima y como un vaquero de monta de toros, aguanto los ocho segundos hasta que logró domarlo y a como pudo lo amarró.

knifeYa estaba casi inmóvil el torturado en el piso sin embargo seguía gritando  y arremolinándose de un lado a otro queriendo soltarse, pero los intentos eran en vano. A lo largo  regresaba don Alejandro con un cuchillo en forma de media luna muy afilado que brillaba intenso con el resplandor de las bujías de cien watts, las que también hacían del lugar un espacio misterioso. Se arrodillo frente a su víctima, los dos se miraron fijamente pero rápidamente el victimario levantó el cuchillo y le dio una estocada certera en el cuello. Ahí empezó a gritar con más dolor y dificultad la víctima. Los lamentos eran terribles. Don Alejandro acercó una pana vieja de Aluminio que había dejado cerca del lugar, para recoger la sangre que salía a borbollones de la herida. Esta sangre la ocuparía más tarde en un ritual macabro en la que todo el pueblo se hacía partícipe, algunos hasta sin saberlo.

Daniel estaba en su cama todavía escuchando los últimos lamentos de la víctima y pensó. –Ya pasó lo peor, solo resta volver hacerme amigo del silencio y del sueño y más tarde todo será distinto.

Mientras conciliaba el sueño de las horas que todavía faltaban para amanecer, se puso a pensar que; si nadie más en el barrio era perturbado como él por los gritos, el forcejeo y los lamentos. –No creo que sea posible que nadie los escuche, si son tremendos-pensó Daniel. ¿Cómo es que nadie se queja? ¿Será que se dejan engañar por el porte elegante y el modo tan amable de don Alejandro?

Don Alejandro era el quinto de cinco hermanos músicos. Tenían una orquesta en el pueblo muy famosa por amenizar bailes, serenatas y funciones solemnes en la Iglesia parroquial. Don Alejandro ejecutaba la Flauta transversal, era de madera negra y las llaves parecían de metal pulido. Era gusto del barrio escucharlo ensayar, los valses, sones de pascuas, fox trots y tangos que tocaba la orquesta. Todas las tardes se dividía en dos ensayando y atendiendo una pequeña venta que tenía en un espacio de la sala de su casa.

La venta era una típica miscelánea de pueblo, chiquita pero surtida. Ahí encontrabas agujas para coser Singer, hilos Yomaio, corta uñas atlas, brillantina parami, cuchillas para afeitar Gillette, espuma para afeitar brut, lociones para caballeros old spice y por supuesto queso. Muchos vecinos llegaban con la excusa de comprar algo para después quedarse platicando con él o escuchando el ensayo. La mayoría de veces Don Alejandro atendía de una manera muy amable y dedicada. Preguntaba por la familia del cliente, si tenía rato de no verlo y le gustaba hacer bromas. Así fue como se ganó el cariño y admiración de todo el barrio y me atrevería a decir de casi todo el pueblo.

Esa madrugada siguió con lo demás del ritual. Lo primero era quitarle la vida y ya lo había hecho. Tenía que recoger la sangre hasta llenar la pana y también ya lo había hecho. Ahora tenía que desamarrarlo y colgarlo de uno de los travesaños del bajarete y después arrancarle la piel y desmembrarlo hasta tal punto que no quedara indicio alguno de lo que había pasado ahí. Así lo hizo y la primer parte del ritual había quedado completado.

La segunda parte empezaba por encender fuego. Tomó unas rajas de leña que habían apilada en una parte de patio, junto a unos manojos de hojas de plátano soasadas. Las llevo hacia donde estaba un grupo de piedras acomodadas en forma redonda, las juntó, hecho Kerosene de una lata vieja encima de la leña, encendió un fósforo y lo tiró hacia la leña. Poco a poco fue apareciendo fuego de entre las astillas de la madera. Y así empezó la segunda parte del rito de los viernes hasta completar todos los pasos.

Daniel  escuchó el sonido de un viejo reloj alarma que mantenía en su  mesa de noche como pudo mas dormido que despierto lo apago y con mucho esfuerzo se levantó de la cama y se metió al baño. Tenía que alistarse pues tenía que ir al colegio. En el baño pensó que por fin había amanecido y ya todo había pasado, suspiró y terminó de alistarse. Salió de su cuarto hacia el comedor, se sentó a desayunar y le preguntó a su mamá si había escuchado los gritos y ella solo hizo una ademan con la cabeza indicando que no.

Cuando terminó el desayuno, tomo su mochila la puso al hombro y salió para irse al colegio. En la casa de al lado, por donde tenía que pasar, estaba don Alejandro barriendo un charco oscuro en la cuneta y detrás de Él ya estaba colgado el letrero que demostraba calladamente lo que había pasado en la madrugada. Y se leía así: “Hay nacatamales y morongas”